Casi siempre pensamos que primero hay que sentirse valiente y luego atreverse. La verdad es al revés: primero te atreves, y la valentía llega después, como premio.

Si esperamos a sentirnos 100% listas, no hacemos nada nunca. Nadie se siente listo.

Qué es la valentía de verdad

Valentía no es no tener miedo. Es hacer la cosa con miedo y todo. La que sube al escenario con las piernas temblando es igual de valiente (o más) que la que no siente nada.

Así que si te late la idea pero te da pena, no estás haciendo nada mal. Estás justo en el punto donde empieza lo bueno.

El truco de los pasos chiquitos

No tienes que pasar de cero a heroína en un día. La valentía se entrena en escaloncitos:

Empieza por algo que dé poquita pena. Levantar la mano una vez. Saludar a alguien primero. Cosas que dan nervios, pero no terror.

Usa la regla de los 5 segundos. Cuando algo te late pero el miedo empieza a inventar excusas, cuenta hacia atrás (5, 4, 3, 2, 1) y hazlo antes de llegar a cero. No le des tiempo al cerebro de echarse para atrás.

Cuenta los intentos, no los resultados. Que te digan que no también cuenta como victoria, porque te atreviste. El resultado no siempre depende de ti; atreverte, sí.

Lo barato que es equivocarse ahora

Un dato que de grandes se extraña: a nuestra edad, equivocarse casi no cuesta nada. No hay renta que pagar ni jefe que nos corra. Es el mejor momento de la vida para intentar cosas y fallar sin que pase gran cosa. Desperdiciar eso sería una lástima.

Esto es una de 5 cosas que nuestro yo del futuro nos va a agradecer. Mira las otras.

Catalina, en "Guía de Campo para Entender a los Humanos" de Mara Solís, es de las que prefieren observar desde lejos antes que atreverse. Ver cómo cambia eso es de lo mejor del libro.
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