Cuando algo nos duele a esta edad, se siente literal el fin del mundo. Una pelea con la mejor amiga, un ridículo enorme, un corazón roto, un grupito que de repente nos hace a un lado. En el momento parece que nada va a volver a estar bien.

Y aquí viene la parte importante: el dolor es real y no hay que taparlo. Pero casi nada de eso va a definir tu vida. Las dos cosas son verdad al mismo tiempo.

Primero, sí, siéntelo

Hacerte la fuerte y tragarte todo no funciona. Llora si tienes que llorar. Cuéntale a alguien de confianza, aunque sea a tu mamá, a una amiga, a alguien. El dolor que se platica pesa la mitad. Guardártelo todo solo lo hace más grande.

El truco de la máquina del tiempo, pero al revés

Cuando algo se siente enorme, pregúntate: "¿me va a importar esto en un año? ¿en cinco?". La mayoría de las veces la respuesta es no. Eso no quita el dolor de hoy, pero le pone tamaño real. Lo que hoy ocupa toda la pantalla, mañana será una escena chiquita de una película mucho más larga.

Cosas que ayudan de verdad

No tomes decisiones grandes en caliente. No le mandes ese mensaje, no borres a nadie, no hagas nada definitivo el mismo día. Las emociones fuertes dan malos consejos.

Cuida lo básico. Dormir, comer, moverte. Suena tonto, pero el cuerpo cansado todo lo ve peor.

Rodéate de quien sí suma. Hay gente que te hace sentir mejor y gente que le echa más leña. A esta edad ya se nota la diferencia. Quédate con los primeros.

No eres la única

Te va a parecer que solo a ti te pasa, pero todas pasamos por esto. Que duela no significa que estés rota. Significa que estás viva y que algo te importó. Y eso, aunque hoy no lo parezca, también es bonito.

Esto es una de 5 cosas que vale la pena aprender a vivir a nuestra edad. Mira las otras.

Catalina, en "Guía de Campo para Entender a los Humanos" de Mara Solís, también pasa por momentos en los que siente que todo se cae. Cómo sale de ahí es de las partes que más se quedan contigo.
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